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Desde las antiguas descripciones de enfermedades oculares hasta las imágenes de alta resolución y la cirugía de precisión, el cuidado de la visión ha avanzado gracias a la observación, la ciencia y el trabajo de equipos diversos. En Chile, esa historia también está ligada a la formación profesional y al acceso a la atención.
Una preocupación antigua
La visión ha sido motivo de preguntas y cuidados desde hace miles de años. Entre los registros médicos más antiguos que mencionan afecciones oculares está el Papiro de Ebers, elaborado en el Antiguo Egipto alrededor del siglo XVI antes de nuestra era. Sus referencias muestran que las comunidades de la época ya buscaban reconocer y aliviar problemas que afectaban los ojos, aunque lo hacían con conocimientos y recursos muy distintos de los actuales.
En la medicina griega y romana se describieron enfermedades oculares mediante la observación de sus signos y evolución. Sin microscopios ni instrumentos para examinar el interior del ojo, el conocimiento se construía a partir de lo que podía verse, compararse y registrarse. Esa práctica fue limitada, pero dejó una base que sigue siendo central en salud: observar con atención y aprender de la evidencia clínica.
Comprender la luz y corregir la visión
Durante siglos también se debatió cómo vemos. En el siglo XI, el científico Ibn al-Haytham —conocido en Occidente como Alhacén— aportó al estudio de la óptica y la percepción visual. Sus investigaciones contribuyeron a consolidar la idea de que la luz reflejada por los objetos entra en los ojos y hace posible la visión, un cambio importante para el desarrollo posterior de la ciencia óptica.
La aparición y difusión de lentes y anteojos en Europa, desde la Edad Media, abrió otra posibilidad: compensar algunos defectos refractivos mediante una ayuda óptica. Hoy las gafas forman parte de la vida cotidiana de millones de personas; en su momento, representaron una tecnología capaz de ampliar la autonomía para leer, trabajar y realizar actividades diarias.
El ojo se vuelve observable
En 1851, Hermann von Helmholtz presentó el oftalmoscopio, instrumento que permitió observar directamente el fondo de un ojo vivo. La retina, el nervio óptico y los vasos sanguíneos dejaron de ser estructuras inaccesibles al examen clínico. Ese avance transformó el diagnóstico y también reveló que observar el ojo podía entregar información relevante sobre la salud general.
Desde entonces, nuevas herramientas extendieron lo que profesionales de la salud visual podían examinar: la lámpara de hendidura, la fotografía retinal, la ecografía ocular, los láseres y, más adelante, la tomografía de coherencia óptica (OCT). Esta última permite estudiar con gran detalle distintas capas de la retina. Cada instrumento amplió la capacidad de detectar alteraciones, seguir su evolución y orientar decisiones clínicas.
Una historia que también se construyó en Chile
En Chile, la enseñanza formal de la especialidad comenzó en 1874, cuando el médico Ernesto Mazzei asumió como primer profesor de Oftalmología de la Universidad de Chile y desarrolló su trabajo en el Hospital San Juan de Dios. En las décadas siguientes se sumaron nuevos espacios de atención y formación. La creación de la Sociedad Oftalmológica de Chile, el 21 de octubre de 1931, dio un marco común al desarrollo científico y profesional de la disciplina, y con el tiempo tomó el nombre de Sociedad Chilena de Oftalmología.
La historia nacional también refleja cómo se amplió el equipo de salud visual. A mediados del siglo XX, bajo el impulso del profesor Juan Arentsen Sauer, se organizó la formación de Tecnología Médica en Oftalmología; posteriormente, la Escuela de Tecnología Médica de la Universidad de Chile consolidó esa trayectoria. La incorporación de profesionales con formación específica permitió distribuir tareas de evaluación, diagnóstico y seguimiento, y fortalecer la colaboración entre disciplinas.
En 1960 comenzó en Chile una experiencia de atención oftalmológica vinculada a la atención primaria, antecedente de las Unidades de Atención Primaria Oftalmológica (UAPO). Acercar evaluaciones y resolver problemas frecuentes en la red local puede reducir barreras y facilitar la derivación oportuna de casos que requieren mayor complejidad. Así, el desarrollo de la especialidad no se mide solo por sus instrumentos: también importa quién puede acceder a sus beneficios.
De reemplazar el cristalino a operar con mayor precisión
La cirugía de catarata vivió cambios decisivos durante el siglo XX. En 1949, el oftalmólogo británico Harold Ridley implantó una lente intraocular, introduciendo la posibilidad de reemplazar parte de la función óptica del cristalino después de retirarlo. Años más tarde, en 1967, Charles Kelman desarrolló la facoemulsificación, técnica que utiliza ultrasonido para fragmentar y aspirar el cristalino a través de incisiones menores.
La combinación de mejores lentes, instrumentos de visualización y técnicas quirúrgicas más precisas transformó la atención de la catarata. Su evolución muestra que una innovación rara vez actúa sola: depende de investigación, experiencia clínica, equipos capacitados y evaluación continua de sus resultados.
Innovar también significa medir y dar acceso
Hoy la inteligencia artificial, la teleoftalmología, las imágenes de alta resolución y las terapias avanzadas están ampliando las herramientas disponibles para la salud visual. Su valor, sin embargo, no se define por la novedad tecnológica, sino por su aporte concreto a las personas: ayudar a diagnosticar a tiempo, orientar tratamientos seguros, preservar la función visual y facilitar una atención adecuada.
Medir resultados clínicos, seguridad y experiencia de las personas permite aprender de la práctica y reconocer dónde siguen existiendo brechas. También ayuda a comparar procesos con mayor rigor y a mejorar la calidad asistencial. Ningún algoritmo sustituye la escucha, el criterio profesional ni la relación de confianza que se construye durante la atención.
El Día Mundial de la Visión 2026 se conmemoró el 8 de octubre, como ocurre cada año el segundo jueves de ese mes. Pasada la fecha, su llamado permanece vigente: cuidar la visión exige conocimiento, prevención y acceso, además de colaboración entre profesionales, instituciones y comunidades. Desde los primeros registros escritos hasta la tecnología actual, el propósito sigue siendo que más personas puedan conservar o recuperar su visión y participar plenamente en su vida cotidiana.
Referencia de origen:** Esta nota presenta una síntesis editorial propia a partir de la publicación de Denisse Contreras Silva, «Edición especial · Día Mundial de la Visión 2026: de los papiros a la oftalmología» en LinkedIn, y de las siguientes fuentes históricas e institucionales:
- Universitätsbibliothek Leipzig: Papiro de Ebers
- American Academy of Ophthalmology EyeWiki: historia de la oftalmología
- Hospital Clínico Universidad de Chile: historia del Servicio de Oftalmología
- Sociedad Chilena de Oftalmología: historia
- Universidad de Chile: historia y funciones de las UAPO
- OMS: Día Mundial de la Visión 2026
- IAPB: campaña del Día Mundial de la Visión 2026